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El vino árabe
05 de octubre de 2018
Luz

Si os preguntamos por el vino árabe, la mayoría seguramente nos diréis que jamás lo habéis probado. Pero seguro que, si os hablamos del café, la cosa cambia. Pues estad atentos, porque pronto vais a ver que no existe mucha diferencia entre ambos.

Por eso en el post de esta semana os hablaremos de unas de las bebidas más consumidas del mundo, ¡casi tanto como el agua! Una bebida con historia y que, para muchos, resulta imprescindible en el día a día. ¿Sabéis ya de cuál de las dos os hablamos, ¿verdad? Seguid leyendo si no.

Seguramente el café ya existía cuando nuestros tatarabuelos llegaron al mundo y, como muchos han sido los lugares que se han adjudicado su primera procedencia, en esta ocasión os explicaremos mejor, su etimología. La palabra “café” proviene de una palabra árabe con un significado conocido para nosotros: el vino. Y es que cuando los árabes comenzaron a consumir esta bebida, la apodaron como el “vino de grano”. Años más tarde, al llegar a Europa, aunque el nombre se mantuvo durante un tiempo, finalmente acabo apodándose como la conocemos hoy en día.

Pero vamos a contaros unas cuantas curiosidades más sobre esta bebida.

¿Sabíais que en muchos establecimientos, sobre todo en cadenas, utilizan aromas falsos? Seguro que muchas veces al ir caminando por la calle, el olor del café ha llamado vuestra atención y ha conquistado vuestras fosas nasales. Pues dejadnos deciros que, en muchos establecimientos, utilizan aromas falsos para intensificar el olor y que incluso, en ocasiones, al propio café se le añade potenciadores para darle más intensidad.

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Pero si hablamos de curiosidades, dejad que os contemos que a pesar de que la primera receta de café data de 1901, fue George Washington el que inventó el primer café instantáneo en masa. Y a pesar de que la primera marca, “Red E Coffee”, no fuese un éxito, el café instantáneo se convirtió en un imprescindible entre los soldados americanos durante la Primera Guerra Mundial, y todo gracias a él.

 

Y siguiendo con la temática, se dice que la expresión “café americano” proviene de la Segunda Guerra Mundial, de cuando los soldados americanos llegaron a Italia y el café de los italianos les parecía tan fuerte, que lo que hacían era diluir el café expreso en agua. Sin embargo, el término no apareció hasta la década de los 70 y, por desgracia, nadie conoce el origen definitivo y real de este tipo de café.

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Como decíamos al inicio, son muchos los países que se han adjudicado su procedencia, sin embargo, son menos lo que pueden presumir de hacer un buen café hoy en día. Por eso nosotras os vamos a dar un pequeño listado de los países en los que podréis disfrutar, de verdad, de esta bebida.

Brasil

Se trata de uno de los mayores productores del planeta. Dispone de una variedad arábica impresionante, y una de las principales características es que se trata de un café con un sabor dulzón.

Si vais a Brasil recordad pedir “um cafezinho, por favor”.

Colombia

En este caso, el colombiano es un café de variedad 100% arábica. Colombia dispone de un eje cafetero inigualable ubicado en el centro del occidente, más concretamente en la región andina. Se trata de un lugar con unas condiciones climáticas extraordinarias y con unas técnicas desarrolladas por campesinos, que hacen que su café sea de una calidad muy alta.

Indonesia

En primer lugar, os diremos que si queréis un café barato, el de Indonesia no es el vuestro, ya que se trata de uno de los cafés más caros del mundo. Pero si lo que queréis probar es un café especial, estáis de enhorabuena. Y es que en Indonesia existe un café llamado Kopi Luwak, hecho con las heces de un animal llamado la civeta. Como podréis imaginar, este café tiene un aroma fuerte, una gran intensidad y muy poco amargor, pero misteriosamente, al final deja un sabor dulzón.

Una opción, cuanto menos, diferente.

Seguramente muchos de vosotros sabréis mucho más que nosotras sobre esta bebida, pero dejad que os demos una última recomendación. Si de verdad queréis gozar del café y aprender a valorar su sabor, tomadlo siempre, siempre, sin azúcar. Quizá al principio os resulte algo amargo e incluso os resulte difícil de disfrutar, pero en cuanto os acostumbréis, empezaréis a valorar y apreciar de verdad esta bebida.