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Llega otoño: Los cambios de temperatura y el cambio de alimentación
04 de octubre de 2019
Luz

Nos alegramos de que llegue el fresco, de que alguno que otro día llueva y de poder ponernos pantalones largos. Porque ya sentimos estar un poco hartos de tanto calor y más si no hay playa cerca.

Pero debemos ser precavidos y tener en cuenta que los cambios climáticos afectan a nuestro organismo de una manera directa, no solo a nivel físico sino también a nivel psicológico y emocional. Por eso es muy importante estar preparados para ello. ¡Así que 3,2,1! Que empiecen los trucos para mantenernos sanos en este cambio de estación.

Lo principal para tener nuestro sistema inmune fuerte es mantener, o recuperar (en algunos casos después de las vacaciones), unos hábitos de vida saludables. Empezando por una dieta rica y equilibrada, tanto en nutrientes como en vitaminas; una ingesta de agua de al menos 2 litros al día; ejercicio físico regular y evitar en lo posible factores de riesgo que nos debiliten: como el estrés. Aunque ya sabemos que lo de no volver al trabajo, pues… No es una opción, así que debemos centrarnos en los demás factores.

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En cuanto a la alimentación, hay una regla muy fácil de recordar y que nos ahorrará muchísimas dificultades a la hora de saber si estamos comiendo equilibradamente o no. La llamaremos: los 3 colores.

Es tan fácil como coger un plato, dividirlo en 3 partes iguales y poner 3 tipos de alimentos: en una pondremos los verdes: verduras o frutas; en otra la proteína: carnes, pescados o tofu y en la tercera: arroz, pasta, legumbres… Lo que nos apetezca. Es importante que el porcentaje de carbohidratos del plato esté equilibrado para que nuestro cuerpo no solo reciba energía sino también nutrientes esenciales y suficientes vitaminas. Así que, se recomienda mucha ingesta de verduras, a ser posible crudas que es cuando más se recibe sus beneficios, y priorizar los alimentos como los cereales integrales y las carnes magras, que aportan vitamina B y aminoácidos para construir los componentes del sistema inmunológico, así como hierro y zinc. También favorecen el yogur y las bebidas lácteas fermentadas que a través de sus microorganismos vivos actúan más allá de la inmunidad intestinal para aumentar la resistencia a las infecciones.

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Con respecto a los líquidos que deberíamos tomar, debemos tener en cuenta que nuestro cuerpo necesita al menos 2 litros de agua al día para funcionar. Si reducimos ese consumo, nuestro sistema inmunológico puede debilitarse y es cuando podemos estar más expuestos a las gripes de otoño. En el caso de que te cueste beber tal cantidad de agua, una recomendación que nunca suele fallar es mantener una botella, a ser posible no de un solo uso, o un vaso de agua a la vista para recordarte a ti mismo beber agua.

Y, por último, practicar ejercicio de forma regular es esencial para mantener el cuerpo en forma y fuerte. Por eso, si llevamos tiempo parados después del verano (todos sabemos que el calor tampoco ayuda), es una muy buena época para retomarlo. Debemos ir con cuidado si hace mucho que estamos parados, ya que el cuerpo debe recuperar su actividad y si lo hacemos súbitamente podemos causarnos alguna lesión o molestia.

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Hay que ir con cuidado si lo practicamos al aire libre, ya que deberemos ir más protegidos con los cambios de temperatura, para evitar exponernos demasiado.

Es importante mantener estos hábitos durante todo el año, pero sobre todo entre estaciones diferentes, ya que con los cambios de temperatura y lo que ello implica a la hora de escoger la ropa cada mañana podemos ser más vulnerables. Así que, si seguimos estas pautas además de protegernos, estaremos siendo saludables y sanos. Eso sí que es un 2 x 1.